La pregunta histórica



Repuesta, Stella Dallas decide romper el aislamiento al que un inoportuno malestar la ha sometido y disfrutar, por fin, de las merecidas vacaciones que ha decidido compartir con su amada y distinguida hija Laurel. El vestido, ceñido al talle, es estampado y muy colorido, salvo las solapas del cuello (que vuelcan hacia fuera) y las mangas hasta los codos (que caen de hombros alzados), en tono oscuro. Un moño negro a la cabeza, sobre los rulos ensortijados, sostiene un corto velo de red, también negro. Haciendo juego, cartera-sobre y zapatos de charol, tan nuevos que taconean al compás de las pulseras de uno y otro brazo. Completan el conjunto un collar de perlas y un par de guantes blancos largos. Barbara Stanwyck se mira al espejo, vacila, vuelve sobre sus pasos y se cuelga al cuello una larga estola blanca de piel antes de salir de la habitación. A su paso, los demás huéspedes del lujoso resort se vuelven a mirarla, entre risueños y horrorizados. “More than a woman, it’s a Christmas tree”.

La compañera del presidente [Lincoln], formaba contraste con su marido; era una mujer rechoncha, en extremo vulgar y antipática, llena de chiches comunes, que se armonizaban perfectamente con su figura pretenciosa y anti-artística… (Mansilla 87)
…reconozco, por mucho que me duela, que el elemento femenino fijaba en mí esas miradas frias y rápidas que comprendemos desde luego las mujeres, y que significan en buen castellano: Quién es este cache? (M 164)


¿Qué es (ser) una mujer elegante? La pregunta se hace oír, indiscreta y chismosa, una y otra vez a lo largo de Recuerdos de viaje (1882), no solo acerca de “las otras” sino también de “una”, preocupando sobremanera a Eduarda Mansilla, amenazándola incluso. Pero no solo a ella. La pregunta histórica reaparece en los más diversos artefactos culturales: la sorprendente ascensión de la vulgar señora de Verdurin tal vez sea el punto medio entre una cuestión que se abre sobre Emma Bovary y no encuentra sutura hasta nuestros días. La elección de ejemplos franceses, aquí, no es casual. En tanto esta pregunta no tiene sentido sino en sociedades donde aparece – como posibilidad real o imaginaria – el fenómeno de la movilidad social, es procedente hacerla comenzar a sonar en el espacio topográfico donde el recambio de poder entre aristocracia y burguesía se inscribió como corte.
Desde luego, la pregunta por lo elegante es de más antiguo cuño. No obstante, de lo que aquí se trata, en principio, es del momento en que esa pregunta deja de referirse exclusivamente a un valor innato o natural y pasa a referirse a un conjunto de prácticas – o, para ser más exactos, de modalidades de prácticas – susceptible de ser incorporado por personas que lo desconocen (de allí su relación con la movilidad social). A esto debe sumarse que no se trata de “sujetos”, en general, sino de sujetos específicamente femeninos. ¿Qué es una mujer elegante?
El presente trabajo rastrea la historia de esa pregunta como síntoma en tres artefactos de la cultura rioplatense por demás diversos entre sí, unificados por su circulación en un mismo tipo de soporte, el libro. Más allá de su heterogeneidad, la coincidencia los unifica como documentos de una labor precisa: la práctica escrituraria. Siguiendo a Michel de Certeau, tres elementos resultan entonces decisivos: la página en blanco como lugar propio desembarazado de las ambigüedades del mundo, el texto que allí se constituye como práctica itinerante, progresiva y regulada y, finalmente, la pretensión del juego escriturario de “remitir a la realidad de la cual se ha diferenciado con vistas a cambiarla” , es decir, su pretendida eficacia social.
Hay también otra coincidencia: en los tres la pregunta está relacionada con desplazamientos, itinerarios y trayectos, con la relación entre viajar y contar. De uno a otro, a su vez, el lugar mismo de la mujer elegante se desplaza, dejando en evidencia un itinerario complejo que va reorganizando el espacio femenino. Lo que conserva la unidad de la pregunta – en el abismo que va de la mujer elegante 1882 a la mujer elegante 1997 – es su indisociable relación con el “yo”. En ella resuena y se repite simultáneamente otra pregunta: ¿qué es (ser) una mujer? (Lacan)
En su contundente “Well-dressed women do”, Wilde documenta cómo lo diferencial de la mujer
– “the irrational”, la sensibilidad, la histeria – depende directamente del problema de la elegancia. Si la pregunta ¿Qué es (ser) una mujer elegante? tiene sentido es porque se intuye en ella una respuesta a la pregunta por qué sea (ser) una mujer, un dominio específico sometido a su arbitrio. En la constitución de la elegancia como esfera de incumbencia femenina, las mujeres encuentran un agujero que les permite ser jueces de algo en la sociedad, les permite ser sujetos (y dejar al hombre no solo al margen sino además sometido a sus dictados). “No se nace mujer; llega una a serlo"(de Bouvoir). Lo que está en juego en la pregunta que nos guía, entonces, es el devenir-mujer en la cultura argentina: sus alcances, posibilidades y restricciones.